Después de los resultados electorales es bueno reflexionar acerca de lo ocurrido. Los acontecimientos superficiales suelen esconder un trasfondo que revela la realidad. Para los autores, la polémica de estos días es si el país retrocede 80 años o si se proyecta a hacia el futuro.
La soja, casi un monocultivo destinado a la exportación primaria
Por A.E. Calcagno y E. Calcagno *
Después de los resultados electorales es bueno reflexionar acerca de lo
ocurrido. Los acontecimientos superficiales suelen esconder un trasfondo
que revela la realidad. En este caso, por encima de las cifras y los
porcentajes más o menos ajustados, existe un tema de fondo: lo que está
en juego es el modelo de desarrollo que regirá a la Argentina en los
próximos años. No se trata de una pugna entre grupos políticos que
quieren gobernar para hacer más o menos lo mismo, ni de quién es más
simpático o antipático, ni de candidaturas que se cocinarán a fuego
lento durante dos años, ni de la política espectáculo que mostró la
televisión. No. De lo que se trata es si retrocederemos 80 años y
volveremos a ser un país sólo agropecuario (esta vez, una hegemonía
rural con tecnología moderna); o si nos proyectamos hacia el futuro como
nación industrial y con servicios avanzados. La discusión está
planteada.
La índole del problema ha sido expuesta por uno de los teóricos más
lúcidos del modelo rural. “El resultado electoral es un triunfo
contundente de la Argentina Verde y Competitiva. Ganó la soja. Ganó el
modelo del eje Rosario-Córdoba, el nuevo centro de gravedad de la
economía argentina. La sociedad entiende que no se pueden atender las
necesidades de los sectores postergados, representados por el eje
Matanza-Riachuelo, expoliando al interior genuinamente productivo.”
(Héctor A. Huergo, Clarín Rural, 4 de julio de 2009). Como queda claro
es otro modelo de desarrollo, con la hegemonía de la producción primaria
y la agroindustria. Es una situación simétrica y opuesta a la de los
años 1940, que consagró la hegemonía de la industria.
Ante todo, es necesario ubicar el problema: ¿Qué significa este “nuevo
centro de gravedad de la economía argentina”? ¿Cuál es su importancia
relativa en nuestra economía? ¿Cuántos son los que aspiran a ser los
nuevos “dueños del país”?
La importancia económica del sector. En 2008, el sector agrícola
contribuyó con el 8,8% del producto interno bruto (PIB), frente al 19,7%
generado por la industria manufacturera. Además deben considerarse los
efectos multiplicadores sobre el resto de la economía; para ello, un
buen indicador son los requerimientos directos e indirectos de
producción, que el modelo de insumo producto ha estimado en 1,63 para el
cultivo de cereales, oleaginosas y forrajeras (estas cifras son de 2,04
para metales no ferrosos, 2,07 para aparatos de uso doméstico, 1,81
para la construcción y 1,73 para autopartes).
Existe una gran concentración en el cultivo de la soja. De los 96,3
millones de toneladas de cereales y oleaginosas producidas en la campaña
2007/2008, casi la mitad correspondía a soja, el 22% a maíz y el 16% a
trigo. Con respecto a las exportaciones, significaron el 26,6% del total
de 70.044 millones de dólares registradas en 2008; de ellas, los
cereales y oleaginosas llegaron al 16,6%, y las grasas y aceites al
10,0%. En el plano fiscal, los derechos de exportación fueron el 11,2%
de la recaudación tributaria total (el 3,5% del PIB).
Un sector económico también puede contribuir al desarrollo general del
país en la medida en que genere empleo formal y distribuya ingresos
hacia los trabajadores. Sin embargo, se calcula que sólo entre el 25 y
el 40% (según las fuentes) de quienes trabajan en el campo, están
registrados en la seguridad social (Ismael Bermúdez, Clarín, 30-03-08 y
Mario Wainfeld, Página 12, 20-04-08). Asimismo, existe una alta tasa de
trabajo infantil.
¿Una oligarquía modelo 2008? Varios gurúes y medios de comunicación
repiten que hablar ahora de la oligarquía agropecuaria es querer
resucitar un pasado muerto. Sin embargo, la realidad muestra que se ha
formado un núcleo duro que controla la principal producción agraria, que
tiene conciencia de clase y que se ha lanzado a la conquista del poder.
Son 4.500 productores sojeros (el 6% del total) que generan el 54% de
la soja; si se le suman otros 5.801 productores, se llega al 70% de la
producción de soja. En el otro extremo de la escala, casi 50.000
productores (el 67% del total) producen el 13%. (Véase el cuadro). Esta
aglomeración de terratenientes y empresarios, unida a su forma de
proceder, cuadra en la definición de oligarquía del Diccionario de la
Real Academia: “conjunto de algunos poderosos negociantes que se aúnan
para que todos los negocios dependan de su arbitrio”.
Así como en los años 1940 –y en especial desde 1946– terminó la
hegemonía del sector agrario y comenzó la del industrial, ahora se
quiere imponer el fenómeno inverso. Pero lo que entonces era un
resultado del predominio real de la industria, ahora es una construcción
artificial, porque en los hechos el sector agrario no es el
preponderante: la industria manufacturera genera más del doble del PIB
que la agricultura (2,2 veces en 2008) y ocupa 20 veces más trabajadores
(datos de la OIT).
Se aplica el sofisma de tomar una parte por el todo. Presentan a 10.300
productores como los representantes del campo, del interior y del país. Y
sobre esa base se lanzan a la lucha política: “Esta nueva Argentina
tuvo su bautismo de fuego político en 2008. ... Fue la primera expresión
del nuevo poder económico del interior. El soy power (el poder de la
soja) hizo sonar su despertador. Y ahora cuando despunta el 2009,
aparecen indicios de que tallará más fuerte en la gran escena política
nacional” (Héctor A. Huergo, Clarín Rural, 10 de enero de 2009).
Se afirma que el eje Rosario-Córdoba le ganó al eje Matanza-Riachuelo.
¿Qué quiere decirse cuando se rechaza la ayuda a sectores postergados
del eje Matanza-Riachuelo? ¿No saben que los fondos para la asistencia
social y para el desarrollo económico salen del presupuesto nacional, y
que dentro de él los aportes de los derechos de exportación son sólo el
11%? ¿Cuando se refieren al interior genuinamente productivo y
expoliado, aluden al 70% de propietarios de la zona núcleo que en 2008
alquilaron sus campos a 500 dólares anuales la hectárea (con lo que
incluso los relativamente pequeños propietarios de 200 hectáreas ganaron
100.000 dólares anuales, lo cual es compatible con los 2 o 3 millones
de dólares que valen sus campos?) ¿Son estos rentistas los
representantes del país genuinamente productivo llamados a gobernarlo?
No se trata de contraponer agro e industria. Nadie niega la importancia
de la producción agrícola y ganadera, ni su potencial para contribuir al
desarrollo del país. Es necesario implementar políticas para un
crecimiento equilibrado y sustentable, tanto entre sectores económicos
como dentro del propio sector agropecuario: debe evitarse el monocultivo
y el deterioro de los suelos y del medio ambiente. Un aspecto central
de tales políticas se refiere a los impuestos que paga cada sector. Lo
que algunos ven como expoliación no es más que la distribución de la
renta extraordinaria generada por la devaluación de 2002 y los altos
precios internacionales. Quienes propugnan el soy power quieren que la
totalidad de esa renta quede en manos de los propietarios rurales, en
particular los de la zona núcleo. Esto haría inviables aspectos
centrales de la política económica, tales como el mantenimiento de un
tipo de cambio competitivo, el gasto social y la recuperación de la
inversión en infraestructura, tanto más importantes en estos tiempos
cuanto es necesario compensar los efectos de la crisis económica global.
Si esto ocurriera, los propios defensores de la hegemonía de los
rentistas rurales se encontrarán con que ellos también resultarán
perjudicados.
Así comienza la batalla para volver al modelo agroexportador, con una
nueva producción hegemónica, otra inserción externa, distintos grupos
internos predominantes. No es una pugna menor dentro del mismo esquema:
es un cambio de modelo basado en una restauración conservadora. El
principal problema que afrontan es que al país que quieren imponer le
sobran muchos millones de habitantes.
*
Economista y Senador nacional, respectivamente
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