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EVITA
 
 “Si Evita viviera sería…” nonagenaria. Hoy se cumplen 90 años de su nacimiento en el humilde Los Toldos. De esa insigne mujer, de su humanidad, su fuerza, su pasión y de las mil controversias que engendraron esas características de su personalidad está todo dicho, no hace falta que agreguemos ahora detalles a una figura mítica.

Solo nos gustaría imaginar que podría pensar Evita del estado del país, de la situación de los grasitas, la versión actual de los pobres y marginados por los cuales, en la cúspide del poder político, inmoló su vida.

Recordamos una anécdota: un día, siendo las 5,30 de la mañana, volvía a su residencia saliendo de las dependencias de su Fundación y en el raudo camino hizo frenar y volver atrás al automóvil porque, fugazmente, había visto una mujer durmiendo en un portal. Contra todos los consejos de sus acompañantes se bajó y estuvo un largo rato charlando con la pobre mujer y, como solía hacerlo, dejó las instrucciones para cambiarle la vida, vivienda, salud, trabajo para ella y sus familiares, etc. Y todos aquellos a quienes responsabilizó por el seguimiento del caso sabían que no olvidaba, que las decisiones eran reales y personales, que solo se iba a quedar tranquila al asegurarse que sus órdenes habían sido cumplidas totalmente.

¿Qué pasaría hoy donde, a pesar del crecimiento, a pesar de la creación de pues-tos de trabajo, a pesar de los avances logrados, tenemos una realidad infi-nitamente peor que aquella que tanto la preocupaba? Imaginar su reacción ante esta realidad es tomar conciencia de adonde estamos, adonde llegamos con todo lo que vino después. Imaginar su indignación por las circunstancias es caer en cuenta de la indignación que nos falta. De cómo hemos debido conceder a los juegos perversos del poder, jugado por los enemigos de siempre, para tener alguna posibilidad de avanzar con exasperante lentitud.

Si Evita viviera… no podría vivir, no podría ser de esta época. No podría soportar que los infames traidores a la patria que sobrevinieron (algunos llamándose pero-nistas) hubieran hecho tanto daño, generado tanta inequitud, tanto desprecio a la suerte de hermanos sin que ello les hubiera significado el mayor de los ostracismos sociales, el debido a los traidores.

Ella luchaba contra la oligarquía y despreciaba a los alcahuetes. Hoy la oligarquía, disfrazada de varias cosas, sigue aliada a los intereses de afuera, sigue teniendo el poder real y con él obstruye todo intento de llegar a la resurrección del país que postró el neoliberalismo salvaje. Y los alcahuetes lo siguen siendo, huérfanos de ideología y ávidos de apetitos personales.

En su tiempo el panperonismo, que ya existía, estaba cohesionado por un excep-cional conductor político y el volcán ideológico incontaminado de su pasión y fortaleza.
Hoy, el pueblo, único heredero, está fragmentado e infiltrado por la antipatria: la reacción hizo bien su trabajo de demolición.
¿Entonces qué? ¿Qué haría Evita? Imposible de contestar porque si hubiera estado viva la historia habría sido otra. La única verdad es la realidad y entonces no cabe preguntarse que hubiera hecho ella sino fijarnos que debemos hacer nosotros todos en este país tan diferente al que ella viviera.
La pasión a conservar es la misma; la humanidad y la capacidad de sentir por los humildes también. Los enemigos reales siguen siendo los mismos. Hoy nos faltan Perón y Evita y no es fácil darnos cuenta que sus únicos herederos somos todos, salvo esos enemigos reales. Y si los alcahuetes (del poder formal de turno o del poder real de siempre) es difícil que dejen de serlo, al menos los integrantes del campo nacional y popular deberíamos rescatar su renunciamiento y darnos cuenta que no se trata de atacar a un gobierno de nuestro signo y esperar que haga cuanto deseamos que se haga sino que nos pongamos tras y junto a él para construirlo.

Si dudamos fijémonos en quien lo ataca y con que argumentos se lo ataca y ello nos debe alcanzar para darnos cuenta cual es, hoy, nuestra mejor manera de honrar a Evita, que es solo una forma diferente de decir honrar a la Patria.

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