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UN REGRESO MÍTICO
Así como para las nuevas generaciones el hecho
va ganando en amplitud histórica, para los que vivimos aquel momento lo
que se acrecienta es la importancia de la emoción de entonces, algo que
se puede contar… pero no trasladar. Volvía Perón. El avión no era
negro, como había anticipado la anticipada leyenda, pero volvía. Nos
habíamos arreglado con mensajes, con “cintas” clandestina y
religiosamente vistas. El General se había ido convirtiendo en “el
Viejo” ─ así se le atrevían cariñosamente aquellas nuevas generaciones
que no paraban de incorporarse a la “obstinación argentina”. El
peronismo se había ido convirtiendo en un hervidero de recuerdos de las
viejas ilusiones, íntimamente mezcladas con el despertar militante a
las nuevas. Y todo centrado en aquel hombre de decir pícaro, llano y
muchas veces sabio ─ así lo veíamos. Y allí estaba, de vuelta en la
Patria, guareciéndose de la lluvia, alzando, una vez más sus brazos.
Seguramente cada uno vio llegar al Perón que quería y eso era lo
emocionante. Nada, mucho o todo, puede haber resultado luego de “¿que
Perón regresó…?” de lo que había hecho el tiempo con aquel mito
viviente. En ese momento solo importaba que el “Perón Vuelve” de las
paredes fuera una verdad realizada. El comienzo de una batalla nueva en
la vieja guerra por el país que queríamos. Hoy rememoramos ese día, ese
hito, esa consagración tan anhelada que se hacía cierta. Congelemos el
hecho: celebremos la “vuelta de Perón” con todo su sentido, con toda la
esperanza que el pueblo otorgaba a esa vuelta. Rescatemos esa historia
y esa emoción sin mezclarla con lo que pudo pasar después. Sobretodo
por que mucha falta nos hace que aquel Perón siga volviendo. Mucha
falta nos hace que renazca aquella esperanza militante de
reconstrucción. Entonces no era gratuita; se había ganado con la
resistencia, con la lucha de las “orgas”, con los sindicatos que no
habían traicionado. Se podía confiar en muchos dirigentes y podíamos
confiar en nosotros mismos. Mucha falta nos hace que ello vuelva a
ocurrir. Ahora la esperanza tampoco es gratuita: mucho horror, mucha
destrucción y mucha traición sucedió desde aquel 17 de noviembre para
que no sepamos ahora en que dirigentes no se podrá confiar jamás. Si
nos miramos un poco adentro, si nos animamos a sacar lo mejor de
nosotros que aún queda, eso que se remueve y vibra cuando recordamos
aquella “vuelta”, entonces podremos también confiar en nosotros mismos.
YA NO SERÁ PERÓN PERO SÍ SU HEREDERO, SU ÚNICO HEREDERO Y DE UNA
HERENCIA “PURIFICADA”, LIBRE DE TRAIDORES EXTREMOS Y DE ENEMIGOS
DISFRAZADOS. LOS DEMÁS SEREMOS, COMO EN LA ANÉCDOTA, TODOS “PERONISTAS”
(*)
17 de noviembre de 2008.
(*) Argentinos que sueñan y luchan por una
Argentina Socialmente Justa, Económicamente Libre y Políticamente
Soberana inte-grada a la Patria Grande Latinoamericana.
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