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LAS RESERVAS EN DIVISAS, EL DINERO FIDUCIARIO Y LA INDEPENDENCIA ECONÓMICA
Por Teofilo Gomila
La babilónica discusión acerca de la separación de su cargo del presidente del BCRA y la creación del Fondo del Bicentenario, tiene una relevancia tan significativa y trascendente como el nivel de desinformación y falacias en que incurren algunos medios, a lo que se agregan posturas políticas y opiniones de legisladores fundadas en mezquinos intereses sectoriales y meras especulaciones politiqueras y electoralistas que han desviado tanto la observación del las cuestiones de fondo que hoy sin duda los árboles no nos dejan ver el bosque.
Afortunadamente he tenido la oportunidad de releer una carta de Arturo Jauretche a un correligionario datada en 1942, que apreciando la realidad de esos años parece describir premonitoriamente el marco de la actualidad política nacional.
Decía A. Jauretche el 9 de julio de 1942: “(se)……ha confundido democracia con legalismo, del que lo institucional es expresión, y el legalismo es la habilidad de los tramposos que se hacen leyes para mantenerse y las declaran sagradas. Los tontos son los que habiendo sido despojados se convierten en los admiradores de la legalidad creada para legitimar el despojo.”
El legalismo y la legitimación.
Para confirmar el párrafo anterior basta recordar que la legalidad que sostiene “la habilidad de los tramposos” es la ley 24144 del 22 de octubre de 1992 – Carta Orgánica del BCRA, en el marco del “Consenso de Washington” y el auge del neoliberalismo monetarista de la Universidad de Chicago, la impronta de R. Reegan y M. Tacher, que junto a la llamada “Globalización Financiera” hicieron que los “países emergentes” entre ellos México y Argentina adoptaran la “autonomía del Banco Central” para la “libre circulación de capitales”. Sus consecuencias las han sufrido gravemente no sólo los pueblos de los países mas pobres, sino que más recientemente, la crisis de las hipotecas en USA y su extensión al resto del mundo arrasaron con el sistema financiero basado en aquellos postulados, provocando abruptos cambios de políticas y reclamando mayores regulaciones de los estados para poner en caja la “autonomización” del dinero bancario.
La extrema liberalidad de los mercados llevó finalmente a la culminación crítica, en 2008, de algo que para el mundo financiero era un secreto a voces, el título de un libro publicado en 1998 “La crisis del capitalismo global” de George Soros es elocuente, donde sostiene “los valores del mercado han adquirido en el momento actual de la historia una importancia que dista mucho de ser apropiada y sostenible” y citando a Alan Greenspan y su advertencia sobre la “exuberancia irracional de los mercados” postula “los valores económicos por sí mismos, no pueden ser suficientes para sostener la sociedad”.
La autonomía del BCRA expresada cabalmente en el articulado de su carta orgánica que dispone: “En la formulación y ejecución de la política monetaria y financiera el Banco no estará sujeto a órdenes, indicaciones o instrucciones del Poder Ejecutivo Nacional”- amputa literalmente a la conducción económica de la Nación de la facultad de ejercer una herramienta fundamental de la política económica, la política monetaria, de la que se derivan el nivel de las tasas de interés, el valor de la moneda, el tipo de cambio, el financiamiento público y privado y con todo ello la actividad económica y el empleo quedan sujetos, en el marco de neutralidad del dinero, a las histéricas fluctuaciones del mercado financiero internacional, ignorando las necesidades colectivas de la Nación.
Un segundo aspecto del “legalismo” está vinculado con la llamada ley de Convertibilidad del Austral, promulgada el 27 de Marzo de 1991, es aún más demostrativa de “la legalidad creada para legitimar el despojo”. La crisis desencadenada en 2001 puede explicarse en una proporción importante por el sostenimiento empecinado de la caja de conversión en que fuera convertida la autoridad monetaria. Gran parte de la fuga de capitales y el fenomenal incremento de la deuda externa fueron factibles por la vigencia de un sistema monetario obsoleto y abandonado por el mundo occidental desde que Richard Nixon a fines de los 60s suspendiera la convertibilidad del dólar y encomendara a todos los tenedores de dólares, es decir a todos aquellos que hubieron otorgado un crédito (del latín credere) monetario a USA, a ejercer su fe, no ya en los u$s 42 por onza troy de oro, sino a “in God we trust” explícita leyenda en cada billete de los nuevos dólares fiduciarios (inconvertibles). De hecho la crítica realidad ya había carcomido la convertibilidad, y Duhalde al igual que Nixon debió derogarla, durante la presidencia de Mario Blejer en el BCRA.
Sin embargo, “los tramposos que hacen las leyes para mantenerse”, en este caso no las deshacen. Con gran habilidad, consiguieron que las reservas de la Nación continuaran seriamente afectadas, no ya a la convertibilidad, pero si para respaldar hasta el CIEN POR CIENTO (100%) de la base monetaria y constituir además, prenda común de la misma (arts. 4º y 6º de la Ley Nº 23.928 de Convertibilidad no derogados). La vigencia de estos dos artículos junto a la autonomía del BCRA, no sólo persiste en la paradoja de respaldar la base monetaria con divisas tan inconvertibles como el peso moneda nacional, sino que limita el ejercicio de una política monetaria y cambiaria más flexible, con el argumento de otorgar solvencia al sistema financiero, (el mismo que fueran vehículo de la fuga de capitales). Con esta superestructura jurídica, no solo el BCRA continuaba autónomo y desentendido de la realidad económica y necesidades de los argentinos sino que continuaba siendo más el banco de los bancos que el “banco federal” con facultad de emitir moneda” que la C.N. previó para toda la Nación.
Ambas leyes, la de convertibilidad del austral y la carta orgánica del BCRA, sancionadas durante la presidencia de C. Menem y preminencia del monetarismo libérrimo de Chicago y su representante en Argentina CEMA (Centro de Estudios Macroeconómicos Argentino dirigido por Fernández, Avila, Pedro Pou y otros conspicuos representantes de la corporación financiera) configuran la superestructura jurídica que soporta la falacia que le permitió a Redrado afirmar: “El Congreso Nacional, la Justicia y el Banco Central han protegido los 48.000 millones de dólares que respaldan la fortaleza, la tranquilidad de la economía argentina y permiten generar empleo y, por sobre todas las cosas, proteger los ahorros de los argentinos.” En realidad, como veremos, vincular las reservas de la Nación (prendarlas) para garantizar con moneda tan inconvertible como el peso moneda nacional, los U$S, es una pretensión tan esotérica que por su semejanza con otra recordada “RE-RE”, llamaría “RE-RE-convertibilidad”.
Por último y para cerrar esta primera entrega, transcribo otro párrafo de A. Jauretche en aquella carta de 1942 al Dr. Benjamín Abalos, cuando todavía no era Peronista.
“Estado y finanza”
''Mientras no comprendamos que hay una superestructura que rodea al Estado y lo somete a sus fines, constituida por la finanza no comprenderemos nada”
La Plata, 290110
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