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Este texto fue leído por Enrique Santos Discépolo el 10 de noviembre de 1951, un día antes de las elecciones que concluyeron con un triunfo arrollador de la fórmula Perón - Quijano
El texto tiene una actualidad increíble. Con solo adaptarlo a nuestra realidad, sigue teniendo tremenda vigencia.
Discépolo
«Bueno, mirá, lo digo de una vez. Yo no lo inventé a Perón. Te lo digo de una vez, así termino con esta pulseada de buena voluntad que estoy llevando a cabo en un afán mío de liberarte un poco de tanto macaneo. La verdad: yo no lo inventé a Perón, ni a Evita . Ellos nacieron como una reacción a los malos gobiernos. Yo no lo inventé a Perón ni a Evita ni a su doctrina. Los trajo, en su defensa, un pueblo a quien vos y los tuyos habían enterrado de un largo camino de miseria.
«Nacieron de vos, por vos y para vos. Esa es la
verdad. Porque yo no lo inventé a Perón, ni a Evita . Los trajo esta
lucha salvaje de gobernar creando, los trajo la ausencia total de leyes
sociales que estuvieran en consonancia con la época. Los trajo tu
tremendo desprecio por la clases pobres a las que masacraste, desde
Santa Cruz hasta lo de Vasena, porque pedía un mínimo respeto a su
dignidad de hombres y un salario que los permitiera salvar a los suyos
del hambre. Sí, del hambre y de la terrible promiscuidad de sus
viviendas en las que tenían que hacinar lo mismo sus ansias que su asco.
No. Yo no lo inventé a Perón ni a Evita . ¡Vos los creaste! Con tu
intolerancia. Con tu crueldad. Con la misma crueldad aquella del
candidato a presidente que mataba peones en su ingenio porque le pisaban
un poco fuerte las piedritas del camino a la hora de la siesta.
«Sí, yo sé que te fastidia que te lo recuerde. Es claro, pero vamos a
terminarla de una vez. Porque yo no lo invente a Perón .Tampoco a Evita
Los trajo la injusticia que presidía el país. Porque a fuerza de hacer
un estilo de tanto desmán, terminó por parecerte correcto lo más infame.
Claro, a vos no te alcanzaba esa injusticia. Tendrías, como un señor
que yo conocía y que iba todos los meses a cobrarlo un sueldo para salir
con el Clan. Yo me acuerdo del Clan. Y vos también. Aquella mafia
siniestra que salía sólo para aterrorizar gente y mataba una vez a
gomazos, otra vez a tiros y a veces con el camión para hacerlo más
divertido. No, si la memoria fastidia. Pero yo no lo inventé a Perón Lo
trajo la estulticia que manejaba el país. Mirá, si vos hubieras estado
en la calle como yo y como tantos, y hubieras visto morir a fuego a
cientos y hubieras visto masacrar pobres por una institución que nos
llenó de vergüenza, no hubieras formado nunca más parte de ese partido
que integrás por amor propio y quizá por ignorancia de tantos hechos
delictuosos que son los que empezaron a preparar la llegada de Perón y
Evita . En un país milagroso de rico, arriba y abajo del suelo, la gente
muerta de hambre.¡Y todo vendido! ¡Y todo entregado! Yo sé que te da
rabia que te lo repitan tantas veces, pero es que entristece también
pensar que no lo querés oír. El otro día, en un discurso oí que decías
refiriéndote a un gobierno anterior: "Ya por ese entonces los obreros
gozaban..." ¿De qué gozaban? ¡Los gozaban!, que no es lo mismo. Y, sí,
Mordisquito, ¡los gozaban!
«La nuestra es una historia de civismo llena de desilusiones. Cualquiera
fuese el color político que nos gobernó, siempre la vimos negra.
Aspiramos a gozar y al final nos gozaron. ¡Todos! ¡Siempre! Una curiosa
adoración, la que vos sentís por los pajarones, hizo que el país
retrocediese cien años. Porque vos tenés la mística de los pajarones y
practicás su culto como una religión. Cuanto más pajarón él, más torpe y
más crédulo vos. Te gusta oír hablar a la gente que no le entendés
nada, la que te habla claro te parece vulgar. Yo también entré como vos
y, ¿por qué no confesarlo?, me sentía más conmovido frente a un pajarón
que frente a un hombre de talento. El pajarón tiene presencia, tiene
historia larga, la que casi siempre empieza con un tatarabuelo que era
pirata. Yo también me sentía dominado por los pajarones cuando era
chico. Ahora ¡No! Cuando era chico, sí. ¡Pero no ahora Mordisquito!
Salvate de los pajarones. El fracaso -por no decir la infamia- de los
pajarones fue lo que trajo como una defensa a Perón. Pero no fui yo
quien lo inventó. A Perón lo trajo el fraude, la injusticia y el dolor
de un pueblo que ahogaba de harina blanca y una vez tuvo que inventar un
pan radical de harina negra para no morirse de hambre. Tampoco te lo
acordabas. ¡Ay, Mordisquito, que desmemoriado te vuelve el amor propio!
«Te dejo. Con tu conciencia. ¡ Perón es tuyo! ¡Vos lo trajiste! ¡Y a
Evita también! Por tu inconducta.
A mí lo único que me resta es agradecerte el bien enorme que sin querer
le hiciste al país. Gracias te doy por él y por ella, por la Patria que
los esperaba para iniciar su verdadera marcha hacia el porvenir que se
merece. ¡A mi ya no me la podés contar, Mordisquito! Hasta otra vez, sí.
Hasta otra vez.»
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